Un viaje a través de casi 400 años de historia gaditana
El Beaterio de Cádiz fue fundado en el año 1633 por María José Isabel, bajo la orden tercera de San Francisco. Este beaterio fue un lugar sagrado donde un grupo de 12 hermanas vivían en comunidad, dedicadas a la oración y la vida contemplativa.
Las hermanas vivían bajo la obediencia de una superiora que llamaban Hermana Mayor. Para formar parte de la comunidad y vivir en ella, las aspirantes tenían que ser admitidas después de pronunciar dos votos fundamentales que las caracterizaban: el voto de la Observancia y el voto de los Descalzos.
El beaterio original disponía de una estructura completa para la vida religiosa: capilla, sacristía, coro y panteón bajo. La capilla recibía el nombre de Jesús, María y José y Arcángel San Miguel, un nombre que evocaba la profunda devoción de las hermanas.
Según documentos históricos encontrados en los archivos de la ciudad, esta capilla fue ampliada en 1813, lo que demuestra que el beaterio mantuvo su actividad y relevancia durante casi dos siglos.
María José Isabel funda el Beaterio bajo la orden tercera de San Francisco.
Se amplía la capilla Jesús, María y José y Arcángel San Miguel.
Se vende el edificio completo debido a la desamortización de la iglesia.
Se derriba el edificio pero se conservan las catacumbas, construyéndose viviendas encima.
La detonación de minas en el Instituto Hidrográfico afecta al edificio.
Las catacumbas se recuperan y abren como espacio cultural y turístico.
Después de la marcha de las Beatas, motivada por las políticas de desamortización de la iglesia entre los años 1820 y 1823, el edificio tuvo diversos usos. Una publicación en el Diario Mercantil documenta que un juez ordenó subastar las plantas superiores.
Años más tarde, se vendió todo el edificio. En este espacio se estableció una empresa dedicada a enseñar a mujeres en riesgo de exclusión social el arte de la costura, dando al lugar un nuevo propósito social.
Durante la Guerra Civil Española, las catacumbas sirvieron como refugio para los vecinos del edificio. Un grupo de residentes se escondió en el pequeño hueco situado en el nivel más bajo del lugar, buscando protección de los bombardeos.
En 1947, Cádiz sufrió una terrible explosión causada por la detonación de un conjunto de minas almacenadas en el Instituto Hidrográfico. Este suceso causó enormes destrozos en la ciudad y provocó la caída de la parte alta del edificio. Los escombros fueron arrojados al interior de las catacumbas.
Tras años de abandono y olvido, las catacumbas del Beaterio han sido recuperadas para mostrar al mundo este fascinante pedazo de historia gaditana. El panteón bajo, lugar de enterramiento de la antigua Orden de Beatas, es hoy un espacio que invita a la reflexión y al descubrimiento.
Cada año, más de 10.000 visitantes descienden a las profundidades para explorar estos pasadizos cargados de historia, misterio y memoria. Las catacumbas nos recuerdan que bajo nuestros pies yacen siglos de historias esperando ser contadas.
Reserva tu visita y desciende a las profundidades del Beaterio